domingo, 19 de septiembre de 2010

Ante la intriga de adentrarse en una carrera nueva... (parte II)

Y llegó, al fin, el día en que la carta de la UAM llegó hasta mis manos. Tras abrir con sumo cuidado el sobre y leer toda la "paja" -a fin de cuentas, son "cartas tipo" que personalizan con tus datos-, en negrita ví destacado que estaba admitido, que se complacían en contar conmigo y bla bla bla...
Con esa sonrisa boba que te dura unos segundos tras conocer que has sido aceptado en algo (o por alguien, dependiendo del contexto), volví a guardar la carta en su sobre y salí a hacer 3 copias de este documento. Aunque en teoría tan solo necesitaba una, aparte de enseñar el original, decidí hacer dos más porque con los trámites administrativos nunca se sabe...
Reunidos todos los papeles requeridos y entregados, por tanto, solicité información sobre la fecha en que tenía que matricularme. Tras darme la carpeta -cada vez más prescindible, ya que se hace por ordenador- de la matrícula, con su correspondiente papel que indicaba hora y lugar del "evento", volví a mi hogar.
El día de la matrícula acudí a Cantoblanco armado de paciencia, porque todos los que hemos estudiado allí conocemos los pormenores del servidor de la UAM, y no siempre funciona todo lo bien que debiera. Una vez más, había que hacer efectiva la matrícula en la facultad de económicas (del mismo modo que ya me tocara en mi etapa de filología hispánica e incluso en la de magisterio), siempre después de que te citaran.
Una vez entras y tienes delante de tí un ordenador, un amable becario (o becaria, según te toque) te informa de todo como si fueras un poco "cortito" y te pide que ante cualquier duda te limites a levantar la mano y "yo o cualquiera de mis compañeros vendremos a ayudarte" (muy bien, "el burro" delante pa' que no se espante).
Tras confirmar que son correctos mis datos personales y "económicos" (esto es, básicamente, confirmar que tu cuenta bancaria sigue siendo la misma), procedo a seleccionar las asignaturas que he elegido cursar (algunas obligatorias, lógicamente). Una vez completado el proceso, y tras verificar que todo está OK, uno tiene que limitarse a imprimir su matrícula. Una vez que ha salido por la impresora, uno de los becarios coge esa matrícula recién impresa y se pone a vociferar tu nombre a "grito pelao". Entonces, levantas la mano, coges todas tus cosas y, tras haber sido el centro de atención de esa sala durante unos segundos, te vas.
Antes de ir a casa, decido pasarme por la secretaria de mi facultad para confirmar que las clases comienzan, efectivamente, dentro de unos días. Al llegar me informan de que llevan ya una semana de clases (genial), y que desconocen ese error que, "al parecer", viene como información verídica en la web de la Autónoma.
Tengo la fortuna de que esta licenciatura únicamente tiene turno de tarde, así que sin perder más tiempo me dirigo a casa para comer lo antes posible y venir a mi primera clase.
Tras haber comido y no con poca pereza, el que escribe estas líneas se dirige con paso cansino hasta la UAM. "Próxima estación: CANTOBLANCO. Correspondencia con la línea...". Salgo del tren y de la estación y me dirijo hacia la facultad de magisterio. No deja de ser curioso que, perteneciendo a humanidades, esta carrera vaya a impartirse donde fui alumno de magisterio: el mítico y mágico módulo IV. Sin lugar a dudas, el rincón más animado de la Autónoma.
El padawan de musicología comienza a buscar donde se encuentra el aula donde se imparten las clases de 3º. Buscando ansiosamente por si encontrara alguna cara conocida, descubre que absolutamente ninguna de las personas que se encuentran en ese aula le son familiares. De momento decide sentarse en la última fila y ya se acercará después a hablar con la gente en el descanso con la siguiente clase.
En la primera clase no se entera absolutamente de nada, solo sabe que tiene que ver con el modo en que se escribían las notas y/o partituras en la Edad Media: oye hablar de virgas, clivis, podatus, scandicus, etc. Deseando que no todas las clases sean de la misma dificultad desea ardientemente que llegue el descanso.
Cuando al fin llega, trata de ponerse al día. Comienza hablando con dos chicos con los que al final de las clases irá en el tren, con destino a Madrid. En ese viaje de vuelta, y rota la tensión inicial (quíén eres, de dónde -qué estudios- vienes, cómo es que te ha dado por entrar a esta carrera, etc.), tiene la impresión de haber hecho dos nuevos amigos: uno, guitarrista de flamenco (que no tiene apenas conocimientos teóricos de música, solfeo, etc.), pero a quién se le ve con una gran ilusión y con mucho amor hacia lo que ha estudiado toda su vida: la guitarra flamenca;  y el otro, con el superior de violín (casi nada...) , buscando orquestas sinfónicas de "cierto nombre" en las que tocar, y que ese mismo curso quiere hacer el CAP, aunque su objetivo no sea dedicarse a la docencia pero "por si acaso, siempre es bueno tenerlo", aseguró.
Exhausto tras sus primeras clases, este padawan musicológico tiene la impresión de que este curso va a ser intenso como pocos.
Hasta pronto (próximamente la parte III).

3 comentarios:

  1. Jejejejeje Sí! xD Imagino que como mucho haré dos partes más (una refiriéndome a lo que fue 3º, y otra a lo que fue 4º). Y ya lo luego me centraré en cosas recientes que me ocurran o sobre las que me apetezca escribir ;)

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  2. sisisisisisi¡¡ otros ojos , otro punto de vista¡ Mola¡¡¡

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